lunes, 15 de junio de 2015

IMPERIOS MESOPOTÁMICOS Magia y Adivinación

IMPERIOS MESOPOTÁMICOS 

Magia y Adivinación
Las creencias mágicas desempeñaron un papel tan importante en el pensamiento mesopotámico que deben ser tratadas para dar una visión más exacta del esfuerzo de las culturas de esta parte del mundo por entender la naturaleza.
La magia mesopotámica era privilegio de una clase sacerdotal, los exorcistas o encantadores. Sus armas eran, además de la intervención directa de los dioses por su mediación, las purificaciones y los ritos mágicos. El encantamiento tenía como objetivo apresar al demonio cuyo nombre se pronunciaba, desorientarlo y asustarlo para así obligarlo a huir. La concepción de lo sobrenatural se basaba en una visión espiritualista del mundo. El mundo se componía de mecanismos irrevocables y de fuerzas, algunas de las cuales tendían hacia el orden divino y otras hacia el caos. El triunfo momentáneo de estas últimas fuerzas explicaban las anomalías que podían producirse en el orden natural. Los exorcistas eran los únicos que, gracias a su iniciación religiosa y a la protección divina, podían moverse sin peligro entre esas fuerzas misteriosas y a menudo maléficas; podían percibirlas sin que pudieran definir su naturaleza ni comprender claramente su causa. Lo esencial era señalar su presencia y desviar sus efectos.

En el ámbito de la adivinación, todo el universo era un símbolo premonitorio. El destino del hombre se inscribía en un proceso global cuyo determinismo gobernaba simultáneamente el orden cósmico y todas las manifestaciones de la vida en la tierra. La ley básica de la adivinación era la creencia en la periodicidad y en la repetición de los fenómenos. El arte del adivino consistía en anotar, de un modo riguroso si era posible, los diversos elementos de un contexto determinado con el fin de poder encontrar o predecir los demás componentes del conjunto que formaban parte del signo cuando este aparecía en otro momento del tiempo. Este estudio desarrolló en el adivino un conocimiento exhaustivo de la realidad.

La astrología, y sobre todo la astrología horoscópica, tuvo una gran importancia en Mesopotamia y está documentada mucho antes de la noción de sistema zodiacal. La astrología horoscópica tiene como base la creencia de una relación entre la vida de una persona y la posición de los astros en el momento de su nacimiento, por lo que para una predicción exacta, era necesario fijar con precisión la posición de los astros. El horóscopo mas antiguo conocido hasta la fecha data del año 410 antes de J.C., época de dominación persa. Los astrólogos babilonios consideraban que los lugares terrestres se reflejaban en la bóveda celeste y que habían relaciones fundamentales entre estas proyecciones y los diferentes planos de referencia que utilizaban para la localización y el movimiento de los astros. Aparte de la presencia (posición y movimiento) de un planeta en el cielo en el momento de la observación, los astrólogos daban particular importancia a su mayor o menor brillo. En la interpretación del contexto astrológico intervenía el valor propio del momento en que se recogía el presagio. Este valor podía reforzar, modificar o anular la influencia del fenómeno observado.

La practica astrológica llevó a los babilonios a determinar la trayectoria del sol en el cielo y a marcar esa ruta mediante puntos de referencia que fueron primero las estrellas mas brillantes y luego constelaciones ya identificadas desde épocas remotas. Tablillas muy antiguas, anteriores al siglo VII antes de J.C. proponen las actuales configuraciones del zodiaco. A partir de finales del siglo VI antes de J.C. la división de cada signo en 30 grados está documentada, la cual confirma la naturaleza específicamente mesopotámica del zodiaco.

Otro método para obtener presagios era la aruspicina, que es el arte de observar los órganos, con preferencia los internos, de animales sacrificados con ese fin. Este tipo de presagios sólo lo podían realizar una clase sacerdotal, los barus, que constituían una verdadera aristocracia en el interior del clero. El examen de las vísceras se realizaba mediante la aplicación de una técnica doble. La primera era la observación simple, que consistía en recoger todo signo anormal; la segunda era la observación dirigida y compleja, que era la consulta propiamente dicha, la interpretación de la respuesta divina a una cuestión previa. La aruspicina en el año 2000 antes de J.C. tenia ya todos sus métodos y principios definidos; Sin embargo, en tiempos posteriores su complejidad fue aumentando pues cuando se confrontaba con la experiencia estaba frecuentemente en desacuerdo con ella. Al comprobar sus fracasos, el adivino no podía admitir la inutilidad de las tradiciones; para él esas tradiciones no tenían discusión alguna. Que la experiencia desmintiera sus presagios significaba que la observación había sido incompleta o que en su interpretación se escondía algún error. Debido a esto los adivinos aumentaban la minuciosidad del examen.

Como se ha visto, todas estas actividades adivinatorias son científicas en sus métodos. El principio fundamental era el determinismo, lo cual supone que las mismas causas producen los mismos efectos. La regularidad de los ciclos celestes indicaba para los babilonios un orden entre las cosas y la predicción mágica era un intento de anticipar el futuro. Todo esto es una muestra de querer comprender la naturaleza con un sentido que superaba lo puramente cualitativo. 

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