lunes, 15 de junio de 2015

GRECIA Alejandría

GRECIA
Alejandría
Astronomía: Modelo geocéntrico y módelo heliocéntrico
La evidencia acumulada desde los albores de la civilización, mostraban el movimiento de las “estrellas fijas” y la Vía Láctea como el de una esfera rígida girando, de este a oeste, alrededor de un punto fijo del cielo (que conocemos como Polo Norte celeste, cerca de donde hoy está la estrella Polar). Los griegos llegaron a conocer que dicho punto varía, fenómeno conocido como precesión de los equinoccios, sin entender el porqué. También se sabía que aunque el Sol se mueve en forma similar a las estrellas, cambia su posición respecto a estas en una trayectoria de oeste a este a través de los signos del Zodíaco regresando al mismo punto cada 365 días. Este descubrimiento en las sociedades agrícolas dio origen al calendario solar. Además, en tiempo de los babilonios ya se conocía que ciertas estrellas se mueven en forma irregular respecto al telón de fondo de las estrellas fijas, a las que los griegos llamaron planetas, es decir, errantes, y su movimiento constituyó el centro de interés de los astrónomos, por razones astrológicas fundamentalmente: su posición permite elaborar el horóscopo.
Para los griegos, la construcción de modelos que permitieran predecir la posición futura de los planetas debía satisfacer no solo las observaciones conocidas sino además ajustarse a concepciones filosóficas o teológicas. Los pitagóricos, por ejemplo, concebían un movimiento planetario consistente con la “armonía de las esferas”; además, fueron los primeros en plantear un doble movimiento de la Tierra, de rotación sobre sí misma y de traslación, no alrededor del Sol sino de un “fuego central”. Platón, pitagórico entusiasta, para quien la geometría era el lenguaje de la naturaleza, planteaba que los planetas deben moverse en círculos, la figura geométrica perfecta, o en combinación de círculos, claro ejemplo de cómo una idea intuitiva, propia de una concepción filosófica, se utiliza para explicar un fenómeno natural. Platón afirma en “Fedón”: “Este es el método que he adoptado: en primer lugar, admitía aquel principio que juzgaba como el más firme y después afirmaba como cierto todo aquello que concordaba con él, relacionado con la causa o con algo más; y aquello que no estaba de acuerdo, lo consideraba falso”. Eudoxio, su discípulo, propuso veintiséis círculos para explicar el movimiento de los siete planetas alrededor de la Tierra.
También Aristóteles parte de principios filosóficos para explicar racionalmente el movimiento planetario. La hipótesis básica es considerar a la Tierra como el centro de todo movimiento, justificando el modelo geocéntrico. Así, se pueden explicar el movimiento de la Luna, el Sol y los cinco planetas visibles como esferas transparentes, cada una contenida en otra y las siete dentro de la esfera de las estrellas fijas. Por supuesto, cada esfera gira sobre ejes diferentes, a velocidad y dirección distintas, para “salvar las apariencias”, es decir, explicar las posiciones observadas. El principio que mueve todas las esferas se encuentra más allá de la esfera de las estrellas fijas, que gira a ritmo regular debido al primum mobile, el “móvil primario” y transmite el movimiento por fricción a las esferas internas. Aristóteles debió postular veintinueve esferas más para ajustar su modelo. En cuanto a la composición de los cuerpos celestes, Aristóteles aceptaba la idea del pluralista Empédocles de que todo está compuesto de cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego, sometido a cambio permanente. Sin embargo, los cielos son, para Aristóteles, inmutables y perfectos; por tanto son de naturaleza distinta al mundo “sublunar” y están constituidos de un elemento diferente, el éter, puro e inmutable, en movimiento circular por naturaleza. Así, los círculos de Platón pasan a ser consecuencia de un principio filosófico para Aristóteles. Con todo eso, el modelo aristotélico no logra explicar hechos como el cambio de brillo de los planetas, y como es costumbre, minimizó los hechos contrarios a la hipótesis central preconcebida de su sistema.

Sería en Alejandría, ciudad fundada por Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, en 331, ciudad cosmopolita, donde el Museo y la Biblioteca, centros de investigación dirigidos por científicos y matemáticos de primera línea, como Euclides, Apolonio, Eratóstenes e Hiparco, donde la astronomía alcanzó nuevas dimensiones. Eratóstenes, universalista como Aristóteles, creador de la geografía realizó la proeza de medir la circunferencia de la Tierra, con una precisión no superada hasta tiempos modernos: 40 mil kilómetros.
Aristarco de Samos, logra por geometría una medida aceptable de la distancia de la Tierra a la Luna, y deducir, a partir de un eclipse de Sol, que éste debe encontrarse mucho más lejos de lo hasta ahora supuesto, y debía ser, por su diámetro respecto a la Luna, de un tamaño mucho mayor. Por tanto, no era razonable pensar que un cuerpo tan voluminoso a tan gran distancia girara alrededor de la Tierra cada 24 horas, siendo más razonable pensar que fuera la Tierra la que girara alrededor del Sol. Así, plantea el modelo heliocéntrico, considerando a la Tierra con un movimiento de rotación diario sobre su eje norte-sur, y una rotación anual alrededor del Sol, éste en reposo en el centro de todas las esferas. Este modelo, al entrar en conflicto con los principios aristotélicos aceptados, e ir contra el sentido común, no solo fue rechazado sino que tuvo influencia nula hasta mil setecientos años más tarde.
El modelo geocéntrico fue modificado con nuevos conceptos como el epiciclo de Apolonio, pero alcanzaría su máximo desarrollo con Ptolomeo, quien elimina el principio de las esferas concéntricas, introduce el ecuante para explicar cambios en la velocidad del Sol que no puede explicarse por combinación de esferas en rotación o epiciclos. El ecuante fue un éxito para “salvar las apariencias” pero incompatible con el principio filosófico de una Tierra inmóvil.
El gran trabajo de Ptolomeo, perduró a través de las traducciones árabes, con el nombre de Almagest, y a pesar de lo complicado del sistema de ajustar los ejes, dirección y velocidad de cada movimiento, número y tamaño de los epiciclos, ecuantes y otros artificios, y de las aproximaciones sucesivas y observaciones de generaciones de astrónomos, sobrevivió por catorce siglos. La razón del éxito radica en que las discrepancias entre lo observado y el modelo se minimizan con cambios en un ecuante o en un epiciclo, utilizando la versatilidad del modelo. Todavía hoy se usa en astrología.
Los árabes introdujeron el astrolabio, mejoraron las observaciones, produjeron listas de posiciones planetarias y de un número cada vez mayor de estrellas pero no modificaron el modelo. Santo Tomás unificó las ideas aristotélicas de los movimientos celestes con la teología cristiana, que implicaba que un ataque al modelo ptolemaico significaba un ataque a la teología. Así, el modelo geocéntrico era parte integral de la visión cósmica que llega al Renacimiento.

Cronología de la astronomía.
Alquimia
Uno de los principios de la alquimia era la transmutación. En este principio estaba involucrado la conversión de cualquier metal en oro pero, considerar que esta doctrina se erigió como disciplina autónoma a partir del mero deseo de obtener oro es una simplificación peligrosa pues no se tendría en cuenta los verdaderos fines de la alquimia. Otra suposición peligrosa es considerar la alquimia como una etapa embrionaria de la química moderna ya que las obras alquímicas ponen de relieve la falta de interés en los fenómenos químicos como tales; en pocas palabras, al alquimista no le interesaban los fenómenos naturales que no sirvieran a sus fines.
El faro de Alejandría fue una de las siete Maravillas del Mundo Antiguo; se terminó en la Isla de Faros, en la bahía de Alejandría, en el 283 a.C. por Ptolomeo Filadelfo. La torre tenía 135 m de altura, y su luz podía verse a 15 km de distancia.El origen exacto de la alquimia tal vez nunca se sepa con seguridad pues ella involucra una cantidad de experiencias y de creencias que se remiten a épocas muy antiguas. La minería y el uso del fuego para transformar la materia implicaba para el hombre arcaico la incursión en un mundo sagrado, en un mundo vivo. La tierra era vista como la “Madre” y las piedras y los minerales crecían y maduraban en su “vientre”. El hombre, con sus prácticas de extracción de los minerales, se sentía capaz de ayudar a la Naturaleza, pues aceleraba el ritmo de las maduraciones. En esta misma línea se inscribía el alquimista pues su papel era perfeccionar la obra de la Naturaleza, al mismo tiempo que trabajaba para perfeccionarse a él mismo. Si nada entorpecía el proceso de gestación de los minerales, éstos se convertían con el paso del tiempo en oro; la alquimia no hacía sino acelerar el crecimiento de los metales (30).
En Alejandría la alquimia adquirió sus bases filosóficas pero, debido a la imposibilidad de lograr sus objetivos y al declive intelectual del mundo antiguo, la alquimia fue perdiendo su carácter racional y se sumergió completamente en sus fuentes originales, la oscuridad de la magia. Cuando los árabes dominaron gran parte del mundo conocido y sus ciudades se convirtieron en centros culturales, la alquimia renació y fueron ellos los que se encargaron de reducir de nuevo su parte mística, tal vez por la idea de ciencia que tenían en la que importaba más un mundo real que un mundo mágico. Siglos después y gracias a los árabes, el conocimiento antiguo y con él la alquimia pasó a ser tema de estudio en Europa, lugar donde volvería a surgir la idea de átomos y donde se erigiría el pensamiento científico moderno, pero este es tema de otro capítulo.
El pensamiento alquímico no sólo siguió la línea anteriormente descrita; en otros lugares como la India y China las ideas alquímicas también tuvieron su apogeo y en la misma época del período alejandrino.

Desarrolo de la Alquimia

Biblioteca de Alejandría.  

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