lunes, 15 de junio de 2015

ROMA Las Ciudades del Imperio

ROMA

Las Ciudades del Imperio
El imperio romano, formado en el seno de la República, primero con la dominación de la península italiana y, luego de la segunda guerra púnica, como conquistadora de los bastos territorios del dominio de Cartago, se caracterizaría por el esplendor de sus ciudades, gobernadas desde Roma bajo las propias leyes romanas.
Con las conquistas de Julio César y la instauración del imperio por Augusto, se continúa la expansión territorial, que llegará a su máxima extensión con Trajano y Adriano, instaurándose la Pax Romana, un siglo que aún llama la atención de historiadores y estudiosos. Pero el dominio romano nunca fue algo terminado y estable, y luego de rápida decadencia, los intentos de restablecimiento administrativo de Dioclesiano y Constantino, el imperio no podría contener las sucesivas oleadas de pueblos germánicos, “bárbaros”, que pondrían fin a todo el poder de Roma. Solo oriente, con centro en Constantinopla, sobrevivirá por otros mil años.
De los aspectos más trascendentes de la cultura romana, está sin duda el alto nivel de vida del ciudadano. Por primera vez en la historia, vemos una preocupación por el bienestar familiar y las condiciones de vida del ciudadano. No es solo el esplendor de los palacios de los emperadores, como la fabulosa Domus Aurea de Nerón y la idílica Villa de Adriano, hasta las amplias casas de los patricios, sino la concepción de la casa como centro de la vida y la planeación de la ciudad con el bienestar ciudadano en mente, lo que constituye un verdadero aporte de la civilización romana a la posteridad occidental.
Pero es la concepción misma de las ciudades del imperio, que llegaron a ser más de cuatro mil, cuyos edificios públicos, además de los templos, tienen en cuenta los factores esenciales para un buen vivir, como es la salubridad pública, el comercio y el entretenimiento, entre otros.
La primera mitad del siglo quinto vio al imperio romano en Europa, presa de ejércitos de bárbaros ladrones. Es difícil visualizar el estado de zozobra reinante. Las grandes ciudades que habían florecido en el imperio todavía se mantenían, empobrecidas, perdiendo población y cayendo en el desmedro. La vida debe haber sido amarga, peligrosa y llena de incertidumbre. Los oficiales locales, muchas veces iletrados, imponían su autoridad sin nexo con el emperador ahora remoto e inaccesible. Se leía poco y reinaba la superstición y el miedo. La vida en el campo también había decaído. Muchas áreas quedaron baldías y los caminos y bosques plagados de ladrones. Fueron estas regiones las que los bárbaros ocuparon sin resistencia alguna, e impusieron su mandato como gobernantes, con frecuencia con títulos romanos oficiales. Eran medio civilizados, imponían términos tolerables, tomaban posesión de las aldeas, se casaban con los locales y adquirían la lengua latina con pesado acento, dando origen a las lenguas romances. Muchas tribus eran agrícolas y no tenían necesidad de ciudades. En Bretaña, los anglos y los sajones reemplazaron la lengua por sus propios dialectos teutónicos que más tarde se convertirían en inglés.
La Crisis del Tercer Siglo: 180-284
c. 250: El Emperador Decio comienza un periodo de persecución de Cristianos Cronología Cristiana
Reformas del Imperio Tardío: 284-378
284-305: Diocleciano
306-337: El Emperador Constantino Cronología Cristiana
312: El Emperador Constantino se convierte al Cristianismo
El Edicto de Milán concede derechos legales a los Cristianos
325: El Concilio de Nicea
330: Constantino declara a Constantinopla capital de un Imperio Cristiano.
361-363: Julián el Apóstata
379-395: Teodosio
378: Batalla de Adrianópolis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario