lunes, 15 de junio de 2015

RENACIMIENTO FLORENCIA De Villa Romana a Potencia Occidental

RENACIMIENTO
FLORENCIA
De Villa Romana a Potencia Occidental

El Primer Milenio
Florencia, “la Villa Floreciente”, fue fundada en 59 a.C. como colonia para soldados de los ejércitos romanos, un campamento (castrum) rectangular a los pies de la aldea etrusca de Faesulae, en la cima de una colina. Sus calles formaban cuadras rectangulares, con un foro central, un templo a Marte, un anfiteatro y baños públicos. Para el siglo III d.C., Florencia era capital provincial del Imperio Romano y próspero centro comercial. Durante los siglos siguientes a la desaparición del Imperio, Florencia fue ocupada sucesivamente por ostrogodos, en el siglo V, bizantinos en el VI, y luego por lombardos. A partir del siglo X, Florencia prosperó y, bajo el gobierno de la condesa Matilde de Toscana (1069 – 1115), se convirtió en la principal ciudad de Toscana.
Durante los siglos XII y XIII creció tanto en poder político como económico. La industria de tejidos de lana y la banca proveyeron la fuente de capital. La ciudad se convirtió en el principal centro de Toscana, con una población de unos 30 mil habitantes, con un flujo de inmigrantes continuo que provenían de las aldeas rurales vecinas. Esto dio lugar a una clase media que constituyó un importante factor en conflicto con los nobles que tenían el poder. En 1193 las tensiones se inflamaron y algunas familias nobles acudieron al favor del emperador y se apoderaron del gobierno, creando un poder ejecutivo confiado a un solo magistrado, como ‘Podestà’, instalado para 1207, con Gualfredotto da Milano, un extranjero, para garantizar la imparcialidad. La comuna gozó de un período de estabilidad y se convirtió en un centro económico internacional con operaciones en las principales ferias de Europa. El gremio de mercaderes, Arte dei Mercanti, que comenzó a llamarse Arte di Calimala, se convirtió en el más importante.
El período de paz que siguió al gobierno del podestà no duró mucho. El enfrentamiento entre los grupos dominantes duraría todo el siglo dividiendo a los ciudadanos entre güelfos, partidarios del papa, y gibelinos, partidarios del emperador. Los primeros se tomaron el poder hacia mitad del siglo pero luego de la desastrosa derrota en la batalla de Montaperti (1260) a manos de los sieneses, que significó la desaparición de la clase media de mercaderes, permitió que los gibelinos retomaran el poder. De inmediato ordenaron la destrucción de palacios y torres de los principales güelfos, que llevó a convertir en escombros más de 100 palacios, cerca de 600 casas y 85 torres. Las clases medias intentaron recuperar el poder y los gibelinos, carentes del apoyo imperial, acudieron al papa Clemente IV como mediador pero este favoreció a los güelfos quienes recuperaron el poder con la ayuda del francés Carlos de Anjou, nombrado podestà por seis años.
Así, el agudo conflicto entre las facciones que buscaban protección papal (güelfos) o la protección del emperador (gibelinos) se resolvió, en 1266, con la victoria de las familias de mercaderes del grupo güelfo; Se apoderaron de los monopolios bancarios papales de sus rivales en la vecina Siena y se convirtieron en recolectores de impuestos para el papa por toda Europa. De estos comienzos, las familias florentinas, encabezadas por los Bardi y los Peruzzi, dominaron tanto la banca como los negocios mercantiles internacionales. A nivel local, Florencia añadió las ciudades vecinas a su esfera de influencia y forzó a sus rivales – Pisa, Siena, Pistoia y Arezzo – a convertirse en aliados. La introducción del florín de oro como moneda no solo atestigua la abundancia del preciado metal proveniente del comercio, para esta época a escala continental, sino que confirma a Florencia como la capital financiera de Occidente.
Para 1282 los Arti Maggiore correspondientes a la clase de comerciantes burgueses lograron imponer su propia forma de gobierno, creando el “Priorato” que representaría la supremacía de los gremios por casi dos siglos.

La renovada espiritualidad del siglo XIII y el aumento de población atrajeron a las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, agustinos, servitas y carmelitas) quienes erigieron grandes conventos e iglesias, a veces grandiosas. Así, los dominicos que en 1221 tenían la pequeña iglesia de Santa Maria delle Vigne, terminaron un gran monasterio para 1278. Los franciscanos, para 1295, habían reconstruido la iglesia de la Santa Croce, igual que los agustinos con el Santo Spirito en 1296. A estas construcciones se debe añadir la catedral de Santa Maria del Fiore, cuya construcción se inició en 1296, y constituyen ejemplos de la arquitectura gótica religiosa.
En 1293 Florencia adoptó una constitución conocida como Ordenanzas de Justicia, que prohibía a la nobleza ejercer el poder político, y confirmaba que la soberanía residía en el pueblo (il popolo). También ordenaba cambios frecuentes de los gobernantes para que ningún grupo ni individuo pudiera controlar el estado; así los nueve priores que conformaban la Signoria (el consejo gobernante) los elegía ‘il popolo’ por solo dos meses. El resultado fue un afinado interés en la política que convirtieron a los florentinos en una comunidad de servidores públicos disponibles para ejercer en la vida pública.
Justo al finalizar el siglo XIII, Florencia se había convertido en una metrópolis de más de 95 mil habitantes, convirtiéndola en una de las mayores ciudades de Europa (junto a París, Venecia, Milán y Nápoles). La tercera muralla construida entre 1284 y 1333, encerraba un área que no sería sobrepasada sino en el siglo XIX. Florencia llegó al apogeo de su prosperidad, sin competencia en el comercio y la banca internacional. La ciudad reclamaba con todo derecho el título de la primera ciudad de Occidente: “… de florentina (civitate) pre qualibet urbe latina…”
El Trecento
Con un equilibrio entre las principales familias de mercaderes, Florencia estaba ahora gobernada por sus gremios, divididos en siete principales, o Arti Maggiore, que incluía a los jueces y notarios, los Calimala (banqueros y mercaderes internacionales en telas), los cambiadores de moneda, los mercaderes de seda, los médicos y farmaceutas, los mercaderes de lana y los traficantes en pieles), conocido como popolo grasso. El Prior o podestá de la ciudad, o principal magistrado y jefe de policía, podía elegirse solo de los gremios principales. El popolo minuto, clase media y baja, incluía cinco gremios menores (las Arti Medie, que incluía a los carniceros, zapateros, herreros, albañiles y traficantes de usados) trataba de ampliar la base democrática del gobierno incluyendo la participación de los Arti Minori en el gobierno. Los gobernantes reales eran miembros del popolo grasso (‘los gordos’), banqueros y negociantes de inmensa riqueza, miembros del partido güelfo, divididos en facciones respecto a una política de expansión agresiva o una de preservación de la paz; el primero defendido por los Negros (Neri; los comerciantes ricos), el otro por los Blancos (Bianchi; los ciudadanos comunes). En 1302 los güelfos “Negros”, en alianza con el papa Bonifacio VIII, quien envió a Carlos de Valois, hermano de Felipe el Hermoso, rey de Francia, lograron expulsar a los “Blancos”, entre los que se encontraba Dante Alighieri (1265 – 1321), quien desempeñaba algún cargo público. Entre 1313 y 1322, serias derrotas, (Montecatini, 1315 y Altopascio, 1325) forzaron a la ciudad a aceptar el dominio del rey Roberto de Nápoles, y entre 1325 y 1328, el de su hijo, Carlos de Anjou, duque de Calabria. Por fortuna, al primero lo absorbía el gobierno de su reino y el segundo murió prematuramente.
El trecento fue un siglo de crisis política y económica, además de grandes desastres. Un desbordamiento del Arno, en 1333, destruyó todos los puentes, excepto uno. A comienzos de la década del 40, la economía sufrió descalabros, junto con derrota en la guerra, llevaron a las bancarrotas de los Bardi y los Peruzzi. Pero sobre todo, en el verano de 1348 la Peste Negra, azoló a Florencia (y al resto de Europa) reduciendo la población a la mitad. Esta gran tragedia fue retratada vívidamente por el cronista Matteo Villani y por el escritor Giovanni Boccaccio, en el prefacio de sus narraciones del Decamerón. Estas desgracias habían golpeado la prosperidad y la ciudad nunca se recuperaría totalmente de ese doble desastre. Hambrunas y rebrotes de la peste continuaron durante todo el sigo XIV, dando origen a motines de la población sin representación política. En 1378 una rebelión proletaria de los trabajadores de textiles, la revuelta Ciompi, fue aplastada por la alianza de mercaderes, manufactureros y artesanos; el resultado fue la introducción de un régimen oligárquico más restringido. La economía de la ciudad continuó deprimida, y la rivalidad de ciudades cercanas, primero Milán y luego Nápoles, intensificaron las amenazas a la prosperidad de Florencia a principios del siglo XV. Una de las pocas victorias fue la conquista de Pisa en 1406 que convirtió a Florencia en poder marítimo y territorial comparable a Venecia, Milán y Nápoles.
1150 – 1250: El emperador pierde dominio sobre las ciudades del norte de Italia.
c. 1200. Los gremios y cofradías controlan el gobierno y economía de las ciudades estado.
1209 – 1216: Francisco de Asís (1181 – 1226) y el español Domingo (ca. 1170 – 1221) fundan órdenes monásticas.
1226 – 1400 Gran auge constructor de basílicas, catedrales y oficinas municipales y judiciales.
1250 – 1273: Francia conquista el sur de Italia y Sicilia.

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