Aún no se sabe con certeza en que región se explotó el metal por primera vez y cual fue aquel metal. Los lugares donde de encuentran los artefactos más antiguos no necesariamente coinciden con los de su fabricación pues algunas veces los metalistas no tenían fácil acceso al metal y este debía ser importado. Unos suponen que el primer metal explotado fue el cobre por ser muy abundante en las regiones cercanas a los lugares de los más antiguos artífices de que se tiene noticia. Otros suponen que fue el oro debido a la atracción que ejerce por su brillo. Para los egipcios el oro fue el metal mas deseable con fines ornamentales. Ellos lo consideraban el "cuerpo de los dioses" (10).
El metal en un principio fue trabajado en frío y martillado con un martillo de piedra sobre un yunque también de piedra. Pasaron miles de años para que se asociara el fuego con el reblandecimiento y modelacion de los metales. Además de ser capaz de fundir los metales, el metalista aprendió a licuarlos y así fue posible verterlos en moldes. La manufactura de artículos de metal se incrementó rápidamente y la necesidad del metal mismo hizo posible un activo comercio de metales entre los pueblos lo que provocó un aumento del nivel de vida en el Próximo Oriente, Europa y Asia.
La habilidad requerida para trabajar el metal hizo que los metalistas no se restringieran a una sola comunidad y además, fomentó la creencia por parte de la gente de que su labor era mágica. Debido al dominio que tenía del fuego, el metalista pasó a ser un "señor del fuego" pues era mediante el fuego como podía transformar una sustancia en otra. El fuego era considerado como una fuerza mágica que podía modificar el mundo, es decir, podía hacer algo que antes no existía en la naturaleza. De esta manera el metalista, en su condición de nómada, se convirtió en el principal agente difusor de mitologías, ritos y misterios metalúrgicos (11).
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